El tren aparece en mi estación, puntual como es costumbre. Billete en mano, estoy listo para emprender el viaje de mi vida.
La fricción entre las vías y el tren, origina una melodía que envuelve mis dañados tímpanos, mientras mi cuerpo comienza a balancearse en cada curva de mi trayecto.
Cierro los ojos, quiero enérgicamente olvidar mi pasado.
Abro las pupilas. Aún en mi estación, miro el reloj extrañado. Han transcurrido dos horas desde que empecé a olvidar.
Ahora sé que uno no puede vivir el presente sin convivir con su pasado.
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